Tasa de ganancia vs. medio ambiente. La depredación capitalista de la naturaleza y las condiciones para crear pandemias

En momentos de aislamiento social obligatorio, aportamos un análisis sobre el sistema y las pandemias para abonar a la reflexión, en la pluma de un integrante del Foro Regional en Defensa del Río de la Plata, la Salud y el Medio Ambientetala de bosques en Río Santiago

(Por Edgardo Boyráz) La pandemia Covid-19 deja al descubierto las prioridades de algunos gobiernos frente a la disyuntiva, salud humana vs. economía. Los que priorizaron las marcha de la economía no tomaron medidas de profilaxis y aislamiento en sus ciudades, colapsaron sus sistemas de salud, tienen miles de infectados y muertos y, en algunos casos, hasta tuvieron que abrir surcos en la tierra para realizar fosas comunes y enterrar a sus muertos. Los gobiernos que priorizaron la salud, hasta ahora, logran administrar la pandemia, sus sistemas de salud no colapsan y tiene menor número de enfermos y muertos que los anteriores.

Por eso, por más próspero que sea un país, económicamente hablando, no priorizar la salud humana significa sufrimiento y escandalosos niveles de contagiados y muertos. Estados Unidos, el imperio global del momento, es un ejemplo de ello.

¿Qué grado de responsabilidad tiene el capitalismo, reinante en el mundo, en la aparición del Covid-19? En primer lugar, según afirman científicos, “destruir la naturaleza desata nuevas enfermedades infecciosas” y que “virus y otros patógenos se encuentran en los animales salvajes. Cuando las actividades humanas entran en contacto con la fauna salvaje, un patógeno puede saltar e infectar animales domésticos y de ahí saltar a los humanos. O bien directamente de un animal salvaje a los humanos”. (1)

El mercado de Wuhan, desde donde surgió el Coronavirus, es un ejemplo de contacto entre animales salvajes y humanos. Allí se puede elegir cualquier animal, faenarlo y llevárselo para su consumo. Las escasas imágenes que circularon de dicho mercado son una demostración de cómo el hombre somete a la fauna a condiciones de encierro, sufrimiento y muerte de cientos de especies, sin ningún control sanitario, transformando a los animales en objeto de necesidad alimentaria, pero también de lucro, sin controles sanitarios efectivos por parte de los que gobiernan.

Muchos afirman que es una “cuestión cultural” que los chinos se coman cualquier animal, con tal de proveerse de proteínas animales para saciar el hambre de buena parte de los 1.400 millones de habitantes de ese país, aunque también porque es una actividad rentable, que presupone el lucro por sobre la preservación. Sin embargo, basta con recorrer la historia de China para entender las hambrunas que vivieron y la lucha de la población para mitigarla. Por eso, el mercado de especies exóticas de Wuhan, no es el único, existen otros en grandes ciudades chinas.

Lo que define la existencia de muchos mercados salvajes como Wuhan, son las condiciones materiales de existencia, la desigualdad, marginalidad y pobreza de aquellos sectores sociales que sobreviven al margen del auge capitalista Chino, que paradójicamente es el país del mundo que más cantidad de multimillonarios tiene. Dicho de otro modo, el éxito capitalista chino se desarrolla a la sombra de un ejército de desclasados, que viven en condiciones de necesidad extrema.

En el libro “Hambre”, un verdadero compendio de las necesidades alimentarias insatisfechas a nivel global, se afirma que entre China e India “se concentra casi la mitad de los desnutridos del mundo”. (2)

David Quammen, un periodista y escritor norteamericano, especializado en temas científicos, escribió en 2012 el libro “Spillover: Infecciones animales y la próxima pandemia humana”, donde alertaba sobre la propagación de enfermedades de animales a humanos, y explicaba que la próxima gran pandemia sería causada por un virus zoonótico proveniente de un animal silvestre –probablemente un murciélago- con el que los humanos estarían en contacto en algún mercado de China.

En una entrevista al medio italiano Il Manifesto, Quammen explica que el origen de la pandemia era previsible y las características de los virus al pasar de animales a humanos. Habla también sobre la relación entre destrucción del medio ambiente y la crisis climática con la aparición de estas pandemias. “Las advertencias estaban allí. Los científicos que trabajan en estas cosas sabían que los coronavirus deberían estar a la cabeza en la lista de vigilancia, porque los coronavirus mutan con frecuencia y, por lo tanto, evolucionan rápidamente”. (3)

¿Por qué la comunidad científica y los gobiernos hicieron caso omiso a las advertencias que formuló en ese libro? Quammen lo explicó en pocas palabras: “Por dinero, política e indiferencia pública”.

La socióloga Maristella Svampa publicó un escrito sobre “las causas ambientales de la pandemia” donde afirma: “Hoy leemos en numerosos artículos, corroborados por diferentes estudios científicos, que los virus que vienen azotando a la humanidad en los últimos tiempos están directamente asociados a la destrucción  de los ecosistemas a la deforestación, al tráfico de animales silvestres (…) Acaso alguien escuchó en el discurso de Merkel o Macrón alguna alusión a la problemática ambiental que está detrás de esto?. Escucharon que Alberto Fernández, quien ha ganado legitimidad en las últimas semanas debido a la férrea política preventiva y su permanente contacto y toma de decisiones con un comité de expertos, haya hablado alguna vez de las causas socioambientales de la pandemia?. Las causas de la pandemia muestran que el enemigo no es el virus en sí mismo, sino aquello que lo ha causado. Si hay enemigo, es este tipo de globalización depredadora y la relación instaurada entre capitalismo y naturaleza. Aunque el tópico circula por las redes sociales y los medios de comunicación, este no entra en la agenda política. Esta “ceguera epistémica” –siguiendo el término de Horacio Machado Araoz– tiene como contracara la instalación de un discurso bélico, sin precedentes”. (4)

Un artículo realizado por investigadores del prestigioso Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina enumera las cinco formas en las que el ser humano transforma el ambiente y crea pandemias: “tráfico de fauna, destrucción de ecosistemas naturales, extinción de especies silvestres, urbanización-globalización y el cambio climático global”. (5)

Bueno es recordar, que el tráfico de fauna está considerado como la tercera actividad lucrativa global más rentable, después de la venta de armas y el tráfico de drogas, que los gobiernos no controlan como deberían. Sólo legalmente dicho tráfico genera circulante por entre unos 5 mil a 8 mil millones de dólares anuales, pero “en negro” algunas apreciaciones aseguran que supera los 240 mil millones de dólares anuales en el mundo. Esta actividad, es el capitalismo en su máxima expresión: se toma lo que se quiere, sin restricciones, y se lo vende, sin contemplar los efectos colaterales de esa actividad, porque (casi) nadie lo controla.

Si la destrucción de ecosistemas naturales crea pandemias, el capitalismo es mandado a hacer… sino, recordemos lo que hacen las grandes empresas de explotación minera, y su extractivismo rancio, que realizan las mínimas inversiones para funcionar, dinamitan cientos de escenarios naturales, desvían ríos, inutilizan sus aguas y separan la ganga del metal, utilizando cianuro en los diques de cola, dejando el pasivo ambiental en manos del Estado, que generalmente son países en vías de desarrollo. Los incendios de la selva más grande del mundo, la Amazonia, es otro caso de intencionalidad en la destrucción de escenarios naturales, en nombre de la siembre directa de soja y de otras actividades agropecuarias.

La extinción de especies silvestres se da por varios motivos: el crecimiento de la frontera sojera y/o ganadera en zonas vírgenes como bosques, selvas o humedales, es una. También, como ya se dijo, por la caza furtiva para consumo o tráfico de animales. Los emprendimientos inmobiliarios de elite, son otro de los motivos de extinción de especies silvestre, luego que arrasan con el hábitat de la especies, obligándola a emigrar y adaptarse o morir.

Las urbanizaciones del estilo countries o barrio cerrado crean condiciones de pandemias, sobre todo porque está de moda que esos emprendimientos inmobiliarios de alto poder adquisitivo se instalen en medio de ambientes originarios como bosques centenarios, humedales, costas ribereñas, cuencas de ríos, todos sitios de alta biodiversidad, modificando el hábitat y provocando la emigración forzada de cientos de especies en el mejor de los casos. En el peor, la desaparición de especies por la modificación violenta de su ecosistema.

Finalmente, el cambio climático transforma los ambientes y crea condiciones para nuevas pandemias, ya que modifican radicalmente el hábitat de la flora y la fauna, provocando el éxodo de especies de sus ambientes naturales hacia donde pueden y muchas veces, huyen hacia las ciudades acercando forzadamente especies silvestres y humanos, potenciando eso de pasar virus de animales a personas, como pasó con el Covid-19. El recalentamiento global, por ejemplo, expande el hábitat de los mosquitos, que traen enfermedades tropicales a zonas templadas.

A nivel global, las responsabilidades están bien marcadas: el desarrollo capitalista no considera al cambio climático como un “problema”, donde a mayor desarrollo industrial, más nivel de contaminación y más descalabro ambiental.

Pese a las distintas advertencias de buena parte de la comunidad científica, a nivel mundial no se hace nada en forma concreta por el cambio climático. El último informe de las Naciones Unidas (ONU) sobre el clima alertó sobre el continuo aumento de la temperatura, la fusión de los hielos (tanto en el Ártico como en la Antártida), el aumento de emisiones de dióxido de carbono (CO2) y el incremento del nivel del mar. Y de continuar el cambio climático, se prevén graves impactos socioeconómicos, en la salud, desplazamientos forzados y crisis alimentarias.

“El coronavirus es una enfermedad que esperamos que sea temporal, con impactos temporales, pero el cambio climático ha estado allí por muchos años y se mantendrá por muchas décadas, y requiere de acción continua“, afirmó hace unos días Antonio Guterres, secretario general de ONU, al presentar el informe mencionado. Todavía no hay acción conjunta.

No hay dudas que parte de las responsabilidades de las pestes que nos afectan -sean virus o cambios climáticos- es por haber vulnerado  la naturaleza y a sus principios de funcionamiento, aun cuando se sabe que tal o cuál proceso o actividad económica, afecta el hábitat y, por tanto, a las personas. Alguien dijo alguna vez, que “el desarrollo a cualquier costo, es subdesarrollo”, una gran verdad…

“El capitalismo ha superado muchas pestes desde su primera globalización en el siglo XV. Ha castigado a la humanidad con el colonialismo, con las guerras y con el egoísmo teórico y práctico. Porque el egoísmo, la codicia, son los conceptos fundantes del capitalismo” aseguró en una nota periodística José Pablo Feinmann, quién agregó “La pandemia no va a hundir al capitalismo (…) no le pidamos a la pandemia algo que los hombres no supieron hacer”. (6)

Sin embargo, lo que hace la pandemia es desenmascarar prioridades, en tiempos donde el dinero todo lo consigue, ya que deja al descubierto que el endiosamiento del mercado no prevé de barbijos ni de respiradores, sino de ajustes y achiques sin fin de los presupuesto de salud de los Estados… Tampoco sirve para mitigar la pandemia ese juego sin límites de los todopoderosos de las finanzas, ni las fortunas de los multimillonarios, ya que eso no crea nuevas camas para enfermos del Covid-19.


Referencias

(1) Doctor en biología y especialista en cambio climático, Alex Richter-Boix, España.
(2) Historiador, escritor y periodista Martín Caparrós, Argentina, autor de “Hambre”.
(3) Periodista Stella Levantesi, artículo publicado en Il Manifesto, Italia.
(4) Socióloga Maristella Svampa, Universidad Nacional de la Plata, Argentina, autora del artículo “Ocultamiento de las causas ambientales e hiperpresencia del discurso bélico”.
(5) Doctor en biología e investigador del Conicet, Matías Mastrángelo; doctora en Ciencias Biológicas e investigadora del Conicet María Guillermina Ruiz.
(6) Filósofo José Pablo Feinmann, periódico Página/12, Argentina.

 

 

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