En cuestión de intereses económico el color político de los defensores del neoliberalismo no importa nada.

El miércoles 14 de diciembre nos encontramos a las 13 hs. en la Legislatura para decirle NO a la Ley provincial de reordenamiento territorial de bosques nativos bonaerenses, que intentan votar en Diputados.

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Buenos Aires, la última provincia en realizar su Reordenamiento Territorial de Bosques Nativos -como lo determina la Ley  Nacional -, se encamina, pese al esfuerzo y el reclamo de decenas de organizaciones sociales, ambientales y políticas a dictar una de las peores y más retrogradas leyes de todo el país en la materia.

Todo el proceso ha sido controvertido. Le dieron media sanción en el Senado, impulsado por el gobierno de Scioli, dentro de un paquete general de medidas ambientales, corridos por el desastre de la inundación en Lujan, votadas a libro cerrado. Ahora son los de Cambiemos los que desesperadamente quieren convertir en Ley el proyecto. En cuestión de intereses económico el color político de los defensores del neoliberalismo no importa nada.

En agosto del 2015, bajo el número A-1/15-16 el proyecto con media sanción llegó a Diputados. Desde ese momento hasta la fecha fueron innumerables las actividades, entrevistas, informaciones, cartas o publicidad que hemos realizado varias organizaciones sociales para llegar a los bonaerenses y particularmente a quienes dicen ser sus representantes (los Diputados) para impedir que conviertan en Ley un dictamen que es el fiel exponente de los acuerdos que los representantes del actual oficialismo en la Cámara baja bonaerense llegaron con los productores forestales y las empresas relacionadas con la construcción de los barrios cerrados que están invadiendo, particularmente, los humedales de las costas de los ríos.

El martes 22 de noviembre se realizó la llamada Audiencia Abierta convocada por las Comisiones de Ecología y Medio Ambiente y la de Asuntos Agrarios de la Legislatura bonaerense. Una burla, pues no fue más que una reunión abierta de las dos comisiones. No tuvo nada de Audiencia, ya que no hubo difusión masiva, solo invitaciones interesadamente dirigidas, la Audiencia no fue grabada y lo que es peor vino precedida de un acuerdo con los productores forestales, particularmente del Delta del Paraná, el INTA, el sindicato de UATRE, la Sociedad Rural y empresas inmobiliarias.

Las opiniones vertidas en el encuentro, obviamente, a las presidencias de ambas comisiones no les interesó, porque a pesar de que la mayoría de los presentes nos opusimos a este proyecto de ley, intentaron producir un despacho para ser tratado en la última sesión del mes, pero no pudieron. A pesar de ello, volvieron a la carga el 29 de ese mes y lo lograron, fue así como el 30 bajaron un despacho en minoría pero que no tuvo quórum suficiente para ser tratado sobre tablas.

La historia no terminó allí y el oficialismo –con parte de sus aliados en el parlamento- tratará de sancionar la ley el próximo 14 de diciembre.

Creemos que no hay duda sobre cual debe ser nuestra respuesta. Además de repetir la exitosa movilización que se hizo el 30 de noviembre en la Legislatura, y que ahora debemos repetir y superar el 14 de diciembre, tenemos que ver uno por uno a todos los diputados en sus pueblos y ciudades aprovechando que esta semana no hay sesiones y seguramente viajaran a sus lugares de procedencia, es allí donde hay que ir a visitarlos y exigirles que NO acompañen con su voto el proyecto oficial. Voto con el que posibilitarían que se exterminen el 50% de los espacios verdes de la provincia, el 30% de los bosques nativos ribereños, que se pongan en peligro de extinción cientos de hectáreas de humedales ribereños y se sometan a miles de pobladores a los devastadores efectos de las inundaciones.

El pasado 4 de noviembre entró en vigencia el permanentemente dilatado “Acuerdo de París” para abordar los problemas del cambio climático. En el mismo momento en que el desafió es impedir que suba dos grados la temperatura del planeta los legisladores de la provincia de Buenos Aires le abren camino a que se derriben miles de árboles, uno de los principales elementos en la lucha contra el Dióxido de Carbono (CO2).

El país, en los últimos 15 años, perdió el 12% de sus bosques, tierras que fueron mayormente destinadas a cultivos (particularmente de soja), incrementando un 500% el uso de insecticidas y más de 1000% el de agroquímicos. La contaminación del suelo se lleva el 3% del PBI y la del aire casi el 2%. De acuerdo al Banco Mundial (un organismo que no es amigo de los pueblos), el costo de la degradación ambiental equivale al 8% de nuestro PBI. Plata del pueblo, que beneficia a unos pocos.

En medio de estas frías cifras está la realidad de cientos de muertos a consecuencias de las inundaciones debido a la voracidad de los negocios inmobiliarios y el uso de los agrotóxicos. No son números, son niños y adultos que perdieron la vida, que se quedaron sin vivienda y sufren todas las calamidades sanitarias imaginables.

No podemos darles herramientas legales para que Techint avance con Nueva Costa del Plata en Quilmes, que Caputo Hnos. y T. Achaval avancen con Pueblos del Plata o el Grupo Monarca con Lagoon Hudson en Berazategui.

Hay un momento en la historia de los pueblos donde el compromiso divide aguas y muestra el futuro. Y el futuro es hoy, o no es.

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