Una vez más, no hay nada para festejar

A 40 años de la instauración, por parte de la Organización de la Naciones Unidas, del Día Mundial del Medioambiente, está a punto de iniciarse la Reunión de Río + 20. Una nueva estafa para las aspiraciones de los pueblos del mundo de encontrar un camino de salvación del planeta.

Han pasado 40 años y hemos asistido a un proceso en el que los principales responsables del deterioro ambiental a escala planetaria se muestran como “interesados” en encontrar alternativas, posición solo discursiva por supuesto, ya que del supuesto “interés” a la verdadera acción para salvar nuestro planeta jamás pasan. En definitiva nos han robado las banderas. Introdujeron conceptos falsos y lo que ayer marcó el sentir popular hoy son palabras vacías de contenidos, confundieron y siguieron con su política depredadora. La “racionalidad” vigente ha puesto en peligro a la Naturaleza, a tal punto que la reproducción de la misma está en peligro y, con ella, la reproducción de la vida humana actual, y más aún la de las generaciones futuras.

Los países centrales, acompañados muchas veces por los gobiernos de países latinoamericanos, ha logrado transformar su responsabilidad y nos pusieron a discutir desde sus enfoques (por supuesto, como si fueran los únicos válidos) y así, por ejemplo, asistimos a que a la política extractivista (mega minería, explotación petrolífera o expansión de la frontera agropecuaria) la convierten en una categoría esencialmente ambiental, cuando a pesar de serlo –y muy seriamente- son cuestiones que hacen a la acumulación del capital, que para seguir acumulando hoy destruyen la naturaleza. Una economía alternativa sostenible supone una economía solidaria con la naturaleza y con las generaciones futuras, y no una hipoteca del futuro de la vida natural y humana.

El crecimiento económico, que propicia esta carrera, choca con el aumento de la deuda socioambiental, es decir la apropiación y la contaminación del agua, la expulsión de miles de campesinos pobres y de pueblos indígenas de sus tierras, la deforestación, la destrucción de la biodiversidad, la ruina de los modos de vida y las economías que hasta ahora garantizan la sustentabilidad.

Otro 5 de junio que encuentra al movimiento social insuficientemente unido para enfrentar las intenciones destructivas de quienes detentan el poder, e insuficientemente movilizados en la defensa de nuestros derechos.
Otro 5 de junio que clama por la unión de los pueblos en defensa de nuestros recursos naturales, en defensa de nuestra tierra y la de nuestros hijos, en defensa de nuestra naturaleza, nuestra vida. Otro 5 de junio que espera un cambio verdadero, un cambio de conciencia, de actitud, de compromiso y de fuerza.
Otro 5 de junio que, igualmente, nos encuentra en la calle y reclamando.

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